domingo, 11 de marzo de 2012

Soy...

Soy muchas cosas que no esperaba ser,
al menos no ahora…
Soy una bici en el trastero durante días; soy un atasco a las 8h y un despertador a las 7h; soy un no muestres el tatuaje; soy un “dime” cuando alguien dice “profesora”; soy la melancolía del domingo por la tarde; soy un éste no es mi sitio; soy un no tengo tiempo para nada; soy un trabajo once horas al día; soy un ya ha pasado el invierno; soy un ya regresaste de ese viaje imprescindible, ¿y ahora qué?; soy un sol de fin de semana; soy un móvil que me aleja del silencio; soy un blog sin entradas; soy una cuenta atrás agotada; soy un soñar con despertadores que no suenan a la hora; soy un gran secreto desvelado; soy una sensación de volar al bailar; soy una cuenta atrás hacia el verano; soy un francés oxidado; soy un rechazar París; soy un cuento sin narrador omnisciente; soy una improvisación constante; soy algunos actos inmorales; soy el perdón; soy el amor por ti; soy la confianza en el futuro; soy la desconfianza; soy la certeza de movimientos; soy un libro sin abrir en la mesilla; soy las ganas de vivir contigo; soy una canción que se repite en mi cabeza; soy un video de un minuto; soy un cumpleaños sin felicitación; soy algunas lágrimas sin dueño; soy las preguntas sin formular y las cuestiones sin respuesta; soy el bajón de los domingos; soy la pelea del fin de semana; soy la tutora de Diver; soy la coordinadora del espacio sideral; soy la hija que os necesita aún; soy secretos y mentiras; soy quien te ama; soy lo que no lees; soy una entrada sin comentarios; soy un ovillo en el sofá; soy la madre de dos o tres hijos que no han nacido aún; soy un grito ahogado en la garganta; soy un triple tanto de palabra; soy las ganas de hacer el amor por la mañana; soy adulta y soy una niña; soy vuestra tía favorita; soy mis miedos y su superación; soy tu sonrisa de chocolate; soy blanca y negra, como las películas; soy todo lo que no soy…


viernes, 2 de diciembre de 2011

Lo desconocido...

El 29 de noviembre de 2011, el mismo día que cumplía 31 años, grabé este “clipmetraje” de un minuto para el concurso “Tu punto de vista puede cambiar el mundo” convocado por Manos Unidas: http://www.clipmetrajesmanosunidas.org/videos/cartografia/

El Concurso de Clipmetrajes “Tu punto de vista puede cambiar el mundo” es una actividad de Educación para el Desarrollo de Manos Unidas que consiste en realizar clipmetrajes (vídeos de un minuto) sobre desarrollo, pobreza y las desiguales relaciones Norte-Sur.

Dentro del concurso hay varias temáticas; yo participo en “África, ese continente desconocido” y el clip que presento es:

una declaración de intenciones,
una declaración de principios,
una declaración de amor…

Su título, Cartografía, que según la RAE es “el arte de hace mapas”, se debe a que en eso minuto dibujo mi mapa interior: así me siento yo después de 31 años sobre la tierra; atravesada por un río que me conecta con una tierra que no he pisado jamás.

África, como muestro en el “clip”, no es desconocida para mi… pero os confieso que la vida continúa siendo una inagotable caja de sorpresas.

Es IMPRESCINDIBLE decir que:

el título y el “cierre” son obra de Theor (Tranxmuten Art),

la grabación y algunos trazos de tiza son obra de Tasio (Anastasio Alemán, imprescindible en mi vida y en la escena musical murciana),

el montaje es obra de Fran Fernández (el director y guionista de “The Fuckers” y “Meta”).

y los sentimientos son obra mía... o de Aziz, depende de cómo se mire.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Palabras

Pides palabras,

y ell@s traen luz,

ejercicios de felicidad,

paseos en bici,

miradas a su interior... y al tuyo,

poemas,

recuerdos,

cuadernos en blanco,

trozos del pasado,

olor a hierbabuena,

ovillos de lana,

encuentros inesperados,

mezclas impensables,

caos,

tiempo detenido,

latidos,

ausencias y presencias,

interrogaciones y respuestas,

trocitos de arte en papel de periódico,

sabor a chocolate,

olor a canela,

tacto de teatro,

textura de abrazo,

sensación de familia…

Siempre dan más de lo que les pides… año tras año.

domingo, 13 de noviembre de 2011

De chocolate...


Érase una vez un país donde todos los habitantes tenían los dientes de chocolate: de chocolate con leche, chocolate puro, chocolate con almendras… todas las variedades excepto el chocolate blanco, un invento posterior que, afortunadamente, no había llegado a estas tierras.

No había nadie en este país que no luciera como dentadura onzas del más delicioso chocolate, por eso era tan sencillo distinguir a los extranjeros que viajaban hasta el país para cerciorarse de tan extraño fenómeno y que, una vez allí, escondían avergonzados sus dientes de color marfil y no sentían ganas de partir.

En este país eran todos eran muy sonrientes y, al hacerlo, parecía que una tableta del más delicioso cacao les ocupara la boca; tal vez por eso eran gentes tan dulces aunque con frecuentes dolores de muelas.

Ocupaban su tiempo bailando, tocando y cantando; pasaban la lengua sobre sus dientes cuando se sentían tristes y el dulzor del chocolate les hacía olvidar las penas y volver a bailar.

Una vez, hace algunos años, una nube blanca llegó sobre esta tierra y muchos de sus jóvenes se vieron obligados a abandonar el país de los dientes de chocolate. Algunos se fueron sin despedirse, otros se abrazaron a sus madres y hermanos, muchos usaron barcos de colores… ninguno sabía cuándo iba a regresar.

Vagaban por el mundo solos, buscando y sembrando la felicidad y, cuando la encontraban, la envolvían cuidadosamente y enviaban un trocito a su familia a través de western union. 

Lejos de su tierra se reconocían entre ellos al sonreír y dejar entrever sus dentaduras y, rápidamente, se trataban como hermanos, se invitaban a comer arroz y hablaban y bailaban hasta la madrugada.

Una de esas madrugadas, mientras sonaba de fondo un djembé, uno de ellos me desveló al oído el secreto del país de los dientes de chocolate: 

lo más relevante no eran sus dentaduras; lo que todos y cada uno poseían en esta tierra, aunque fuera imperceptible a la vista, era un inmenso y crujiente corazón de chocolate: de chocolate con leche, chocolate puro, chocolate con almendras…

Y yo ahí lo entendí todo…

(A ti, por tener dientes y corazón de chocolate.)

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿?

Las preguntas son…

Si estarás conmigo cuando todo se derrumbe,

Si, cuando se alejen tras el vendaval, te quedarás a mi lado a recoger mis pedazos,

Si cuando diga “vete” sabrás entender “quédate”,

Si, cuando camine a trompicones, me darás la mano,

Si me levantarás del suelo,

Si me ayudarás a descender del cielo,

Si soplarás una pestaña para hacer realidad mis deseos,

Si, cuando te vuelvas imprescindible, entenderás que tendré miedo,

Si pegarás con paciencia las partes de lo que rompo a mi paso,

Si escucharás que en silencio te pido ayuda,

Si, cuando menos lo merezca, me sacarás a bailar al centro de la pista,

Si me protegerás de mi misma,

Si me regalarás palabras y besos a partes iguales,

Y si, sobre todo, me dejarás estar a tu lado para levantarte del suelo, pegar tus trocitos y soplarte una pestaña.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Rumbo a Alemania

(Estado de ánimo: aeropuerto de Barajas tras 6 horas de bus y con 4 horas más de espera por delante).

Las ansias de exprimir las vacaciones hasta el último minuto y mi característico miedo al vacío me hacen embarcarme en este viaje rumbo a Berlín, a Clara, a Essen, a Viky, a Frida y a la a veces perdida PetiteFleur.

A ratos, entre el cansancio, el frío (insistentes aires acondicionados) y el calor (el mes de agosto ahí fuera), me olvido de lo que me mueve y me pregunto: ¿pero qué hago aquí? 

Viajar sola hacia mi misma, respondo, hacia calles y ojos nuevos, hacia seres a los que echo de menos antes de haberlos conocido… con lo sencillo que sería quedarme entre tus brazos…

Viajo porque sé que he de escuchar lo que me ocurre, viajo porque he de descubrir qué es lo que quiero, qué es lo que soy capaz de arriesgar; viajo para aprender a ser mejor, viajo para cerrar este verano con alguna conclusión, para escribir un punto y aparte o un punto y seguido o, al menos, un diminuto punto y coma… Viajo para sentir que esta historia la escribo yo, que fluye por mi muñeca hasta escaparse por mis dedos…  para transformarme… para reencontrarme… Viajo para conocer mi geografía… nos lo merecemos… tú y yo.

A veces va todo tan rápido que necesito seis horas de autobús, cientos de kilómetros y un rincón soleado en el suelo de un aeropuerto para sacar lápiz y papel y ponerle nombre a las cosas: no puedo pedirte a ti lo que yo no me estoy dando; soy la primera responsable de mi felicidad, de mis cuidados, de saciar mis apetitos. Por eso es tan importante esta distancia para escuchar a mis entrañas gritar y descubrir qué me están pidiendo: ¿movimiento?, ¿cambios?, ¿literatura?, ¿mimos y cuidados?, ¿descanso?, ¿alimento?, ¿crecimiento?, ¿escucha?, ¿creatividad?, ¿aire?, ¿huída?...

Aunque amarga, me gusta esta sensación de no darte por sentado, de incluir el vértigo entre los 10 kilos que Ryanair me deja transportar… ¿y si son muchos días?, ¿y si te echo demasiado de menos?, ¿y si no consigo disfrutar?, ¿y si éste es el primer y último verano?...

¿Y si te escribo a ti en lugar de a mi?

Este viento frío me pone de frente a mis miedos, a mis inseguridades, a mis miserias y a estas cantidades descomunales de pasado que llevo sobre mi. Y si pesa el pasado y pesa el presente, es el FUTURO lo único liviano que puedo ofrecer.

Y si en ese futuro no me dejaran escribir con mi puño y letra ni ese diminuto punto y coma, trazar con toda mi fuerza un enorme punto de inflexión.

viernes, 22 de julio de 2011

la espera...

20 de julio de 2011
Hospital Santa Lucía. Cartagena

Me siento en el bordillo sobre una hoja de periódico para no mancharme; me estoy haciendo mayor, me digo, inevitablemente mayor.
Espero.
Leo libros sobre escuchar a mi niña interior; escuchar su tristeza, sus necesidades. Yo recuerdo a una niña que jugaba y reía, no a una niña triste.
La niña da ahora de comer a mano a su padre.
Pienso en ti. Demasiado, tal vez. No es el momento, pero parece que nos moviera una instintiva pulsión hacia la vida, a aferrarnos a ella como si se nos escapara de las manos, como si anidara en tu pecho y yo quisiera sólo acurrucarme ahí.
Y calmar mis voces.
Y calmar esta espera.
Y escuchar a esa niña.
Frágil, dices.
Vulnerable, digo yo.
Papel y lápiz para la espera.
La vida y la muerte también esperan sentadas aquí.
Esperar que abran la puerta, que digan su nombre, que digan “familiares de...” y, entre todas esas palabras, pretender encontrarte tú, tu definición última, tu origen.
Van a decir “corazón”, lo sabes, pero no hablarán de amor; van a decir “viejo y cansado”.
Y tú te vas a sentir demasiado pequeña. Como tantas otras veces.

Y, extrañamente, por una vez, hay menos puntos suspensivos.